12 noviembre, 2009

Eadweard Muybridge, The Human Figure in Motion, 1887.
Seis últimas tomas de crono-fotografía titulada "Lucha greco-romana"


Tu quieres preguntar y para preguntar
primero hay que morirse.
Jorge Boccanera


Para George y otros muertos


Quiero dos cosas al mismo tiempo. Quiero mi casa privada y en silencio absoluto, un sillón sin pelos de gato y una buena lámpara. Tomarme todo el vino yo sola. Algo como sacar la panza o quedarme jorobada. Pero también quiero salir y tener a la ciudad viva encima, correr peligro no importa. Descifrar el trayecto de las migraciones, los círculos que nadie entiende. Y quiero ver el efecto nocturno de las luces de los postes que se quedan sin luz y vuelven con luz y se van de nuevo. Quiero dudar de la calle, sentir miedo de la lluvia también y de los sonidos que escuchan sólo los perros. Descifrar la ruta que traza la violencia. Volver a las ideas. Pisar las líneas del suelo, saltármelas, perseguir peatones apurados, asustarlos. Enojarme con la vida ajena, los paseos lentos en la mañana, en la avenida central. Celebrar un pleno lunes, fracasar a las 4 de la tarde. Quiero repasar los eventos tontos, adivinar mi vejez, sostener una vida lenta y sin pretensiones. Imaginar que vuelvo, como en un suicidio, entrar en esta casa y llevar una cuerda privada en el cuello, abrir la ventana mientras quedo absorta. Volver a las ideas. Pisar las líneas del suelo, saltármelas.


22 octubre, 2009

(a l'oeil cacodylate de picabia me lo encontré aquí)

17 agosto, 2009

Tiene los ojos abiertos. Antes de morir quisiera ver la tumba de Virginia, o ver su pierna. Creo que ha explotado. La sensación del color absoluto. Yo nunca digo que coloco las cenizas en el cenicero como si fueran las mías de mis huesos. De mis huesos depositar el color en el humo. O depositar en el color al toro que matan con metal seco.

Decir toro es ver morir la taquicardia, asentir con la cabeza que ellos son necios por necesidad. Decir tauromaquia es aún más necio. Después quién les da de comer, quién los conoce rotundos. Los hombres deberían ser más como los toros. Más sanguíneos, menos mudos.

No alcancé a cerrar los ojos a tiempo. Su cabeza retumbó, abrió la boca, cayó de rodillas. A los toros los matan por televisión. Yo siempre les ví los ojos.


imagen

24 junio, 2009

19 mayo, 2009

Matthew Tischler


No me sucede la lluvia cuando reemplazo el tiempo, o cuando la ventana tiene nombre masculino. No me interesa en lo absoluto si la gripe está viva, si es un negocio la droga, o si no veo nunca a mis amigos. No me importa si las personas mueren, es negocio el funeral, las plantas se quedan sin agua. Pasar el cementerio. Echarle un vistazo. Poco me dice el gesto pesimista de los maniquíes, los atropellados. Yo señalo que está bien si se hunde Malasia, que la estupidez es del tiempo y no mía, cuidando de los hijos, repitiendo la ambulancia por la calle. La vitrina se limpia cada semana, seguirán las luces en la noche, y todos los tacones se quitarán de las mujeres para que aguante el día. Mi urgencia es equivocarme.



13 mayo, 2009

Egon Schiele


Mi espacio en el ático se redujo a la mitad. No cabe nadie.

Me asomo por la ventana para descifrar el origen de los pájaros, mis técnicas que no dejan pasar la tarde, como espantando con los brazos las moscas de la comida, fingirse muerta. Hay una calle importante que pasa al frente de mi casa. A veces logro ver los gestos de los buses, con estilo perdido, amontonados. De qué servirá la ventana anónima? De qué sirve provenir del viento? Desatarse los zapatos después, limpiarse la boca, lavarse las manos. Estos minutos de la tarde estancan los pies que no van a ninguna parte, el bus callado, talvez ellos queriendo venir a mi ático, llegar a alguna parte donde nadie está muerto, mi voz rebotando pero eso se arregla, barbie llora por ken y se va a trabajar, repongo la barbie, pongo el café, limpio el baño. Que venga la gente.



21 abril, 2009



Así no puedo dormir. Sé que habrá algún bicho arrinconado en la cocina, exagerando el sonido de sus patas. En la noche todo suena exponencialmente insoportable. Un gato se pasea por el techo que da justo a mi cuarto. Digo yo que es un gato. Es tarde y por eso me da miedo. Por eso construyo un mapa de desvelo donde el viento intenta entrar por el portón, zarandeándolo, escupiendo sus barrotes. Por ahora no le alcanza el griterío para partir el candado en dos. Gracias a dios. Entre las cobijas me arrincono, rápido, evitando exagerar el temblor de mis patas, escondiéndome de mi obsesión por los programas de asesinos, desaparecidos, huellas digitales y escalas de maldad. Apago el televisor. Mi casa se vuelve mala, se vuelve la medida de la realidad, la franja miedosa del cielo, cuando mata al tiempo cierro los ojos, no puedo detener la noche, la historia de la bala perdida, no puedo asaltar el insomnio ni la bulla. No puedo evitar mi cama gorda y tramposa. No puedo borrar la luz, el sudor del pasillo, adelantar a los ciegos. No puedo mantener el vicio vacío de observar la pared en la quietud. No puedo estirar las piernas. No puedo con la joroba, con tanta frecuencia la piedra. No puedo controlar el asesinato de un bicho. No puedo perder la calma de un muerto. En estos episodios, soy la primera que debe irse, aparecer en la puerta principal y toparlos de frente con todos los abrigos puestos.



(foto tomada y adaptada de google images, sin autoría)
(peces rojos)

13 abril, 2009

Estoy empeñada en discriminar todos los sonidos de mi casa que no sean del viento, todas las cosas que chocan contra el viento. Descartar los cuadros caídos, un poco la música lo admito, las voces fingidas de los grillos, las hormigas, el basurero minúsculo, mi gato husmeando las cajas. Algo como condenar el movimiento, lo que pasa y no se parece al viento porque se detiene, carcome algo mínimo de , disturba mi papel y mi escritorio, la luz que se hace niebla se hace lenta. Sólo necesito postrarme horizontalmente y saber que desde aquí se ven desamparados más fragmentos del techo.







02 abril, 2009

19 marzo, 2009

Una farsa el escenario. Espero recostado en la pared. Parece un suelo, una caja. No quiero detalles. No los necesito. Nada camina cerca, especulo la forma de lo que sucede en este instante, la puerta cerrándose, la tela negra que cuelga y se sombrea porque está viva. Espero los recuerdos de la mañana, el dueño del muñeco guindando en la parte trasera del carro. Soy yo nulo. Yo postizo. Creo que estoy sudando un poco, o estoy nervioso un poco, y asomo la mirada hacia el frente espectador. Ni la espera ni la posición ni el suelo avisan lo que viene, lo que aparece justo cuando venimos al mundo, nunca se anuncia, no sé a lo que vine, ni lo que digo, ni cuánto tiempo me queda. Estoy solo, furioso. No dejo de pensar en el tedio de la anticipación. No dejo de asumir que mi única forma es una espalda encorvada, retrasada contra el pecho. Débil y sin verdaderas ganas de algo. Me inclino por todas las razones, golpeo porque no soy de piedra, no estoy preparado, el suelo, lo que cuenta es estar en este mundo supongo. Así soy cuando se hace el silencio. Quiero sabotearlo, dejar sólo la cabeza y las dos piernas. Hubiera preferido otra cosa, no miento, pero intuyo que en efecto, hay más habitaciones que ésta.


09 marzo, 2009

Imaginando a María Cristina

Coreografía de Rogelio López
Domingo 15 de marzo
Anfiteatro CENAC
7 p.m.
Entrada gratuita

Más info aquí y aquí

Foto vieja de acá

20 febrero, 2009


El cuerpo se mueve solo, sin control. La soledad mía es la ignorancia. Ignorancia del cuerpo que cae repetidas veces, que no sabe la cualidad del aire empujándome, que intuye lo frío, lo ventoso, la masa química arriba, una gestualidad arenosa voluble en su forma. Mi cuerpo es diagonal, es izquierda, ángulo donde se doblan las rodillas o las ramas. Es probable que esté prohibido doblegarse, erguirse porque es norma, una barra incrustada en la columna vertebral. Es probable que tampoco se puedan abrir los brazos en cruz, en equis, en cuadros de pintores cubistas. Por el momento mi ignorancia y yo nos dejamos enterrar en la tierra que suponemos nos ofrece voluntariamente el viento. Anulada para alguna otra ocasión que todavía no se presenta.



10 febrero, 2009

Nada grave dicen del presentimiento de la muerte, del ojo tuerto después de un día no nacido, un reloj abierto luego cerrado. No es grave ver morir a los niños, quedar parapléjico, imaginar un asesinato y la estancia en la cama donde nada sucede ni la nada, ni la ventana ni el cable eléctrico. Dice Ángel que no es grave la mudez luego del vértigo o la suciedad, ver las ansias que rompen dientes y cabellos, luego no ver que todo termina de una u otra forma. No es grave no saber vivir ochenta años o sólo siete. Sólo siete días graves que estallan talvez en una cueva donde habita la mente y la vista, solas ambas, o la anomalía del tiempo escupiéndole a Nada, o yo habitando y retrocediendo, porque todo en el olvido lo he aprendido mal.

22 enero, 2009

Llevando 50 páginas de desasosiego, puedo afirmar levemente, indicios vehementes, que de las calles está lleno el bullicio. Que lo que sucede adentro tiene explicaciones en todos lados, en el azar que lanza piedras, en los amores que no suceden y a quién le importa, en las mayores renuncias del alivio. Conforme avanza la luz madrugada, me agosto, apenas quepo en un recinto de voz propia, como darle cuerda a la mente para que se invente los mejores espacios millonarios del universo y nada, porque esto he de confesar. La utilidad inteligente y natural de la noche me despierta con una de esas anomalías absolutas: todo mi tiempo es absurdo como un luto.

20 enero, 2009

De quién será la culpa los espacios vacíos, no cubiertos a tiempo. Claro que les puse título, los dividí por capítulos, categorías mapas continentes, ví la esencia de lo que alguno ajeno escribió, Martín Romaña, entendí que hay cosas de afuera, cosas de adentro, cosas que siempre están rotas, siempre viene algo más atrás de las cosas, algo más qué reponer, sustituir, enmarcar o disimular. Cada vez que sucede la palabra mala, la que acorrala como animal de granja, no me repongo, me quedo tuerta, renqueando, me quedo detrás de las cosas que piensan. Me recuerdo detrás de esas fotografías claro, la repetición del futuro entonces y ahora. Cómo me ha tocado mil veces tener el nombre incorrecto.